Lejos de ser violentas, las protestas tuvieron un ambiente festivo, con bandas de música, disfraces y carteles con consignas como “Nada es más patriótico que protestar” o “Resiste al fascismo”. Se trató de la tercera movilización de esta magnitud desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, en medio de un cierre del gobierno que ya lleva 18 días, paralizando servicios federales y aumentando la tensión política.
Desde Mar-a-Lago, Trump minimizó las críticas: “Dicen que me llaman rey. No soy un rey”, mientras que líderes republicanos, como el presidente de la Cámara de Representantes Mike Johnson, calificaron la protesta como una “manifestación de odio a Estados Unidos” y acusaron a los participantes de ser “comunistas” y “marxistas”.
Por su parte, figuras del Partido Demócrata como Chuck Schumer y Bernie Sanders apoyaron las movilizaciones. Sanders arengó a la multitud: “Nosotros, el pueblo, gobernaremos”, destacando que el experimento democrático del país está “en peligro” bajo la presidencia de Trump.
Los demócratas buscan que estas protestas respalden su postura frente a la negativa republicana a reabrir el gobierno sin financiamiento para atención médica, considerando que manifestaciones de este tipo fortalecen la confianza de la ciudadanía y amplían el debate político.





