Un vasto paisaje subglacial de montañas, ríos y valles emerge como uno de los mayores hallazgos científicos recientes y podría alterar las proyecciones sobre el nivel del mar y el clima global.
Bajo kilómetros de hielo, en una región fuera del alcance humano, científicos detectaron una geografía oculta que recuerda a una ciudad natural: cadenas montañosas, profundos cañones, ríos y lagos subterráneos que conforman un sistema de escala continental. Este mundo invisible, revelado mediante radares de penetración de hielo, mediciones gravitatorias y campos magnéticos, comenzó a delinearse tras más de dos décadas de investigación.
La cartografía obtenida muestra un territorio tan vasto como desconocido, jamás observado directamente por el ser humano. Aunque la capa de hielo antártica alcanza hasta 4.000 metros de altura cerca de su centro, sus suaves pendientes ocultan un relieve complejo que conserva huellas de un pasado más cálido y potencialmente habitable.
Uno de los descubrimientos más relevantes es la existencia de ríos subglaciales activos, capaces de fluir bajo presiones extremas e incluso en sentido ascendente. Estos cursos de agua se alimentan del derretimiento lento del hielo, impulsado por el calor geotérmico y la fricción interna de los glaciares, y desembocan en el océano generando turbulencias que aceleran el deshielo desde abajo.
Los investigadores advierten que este sistema subterráneo podría estar subestimado en los modelos actuales de aumento del nivel del mar. A medida que el hielo se adelgace por el calentamiento global, los ríos crecerán, cambiarán de curso y se volverán más caudalosos, con el riesgo de desestabilizar glaciares clave como Totten, Thwaites y Pine Island.
Desde mediados de la década de 2000, los avances tecnológicos permitieron asomarse bajo el hielo y revelar hallazgos asombrosos: ecosistemas ocultos, criaturas marinas desconocidas, una extensa provincia volcánica y hasta restos fósiles que reabren debates sobre la historia biológica del continente. Todo ello desafía la visión tradicional de la Antártida como un territorio estático y uniforme.
Esta “ciudad” subglacial, moldeada durante millones de años sin intervención humana, funciona como un sistema vivo que interactúa de forma constante con la capa de hielo que la cubre. Comprender cómo se relacionan el hielo, el agua y el calor interno de la Tierra se volvió una prioridad científica, ya que lo que ocurre bajo la Antártida puede amplificar los efectos del cambio climático a escala planetaria.





