La presidenta encargada de Venezuela destacó la diplomacia bolivariana como la vía para resolver las tensiones con Washington, tras el derrocamiento de Maduro.
En un acto realizado en la refinería de Puerto La Cruz, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, aseguró este domingo que la «diplomacia bolivariana» será la vía para resolver el conflicto histórico con Estados Unidos. Esta fue su primera declaración pública de alto impacto tras asumir el mando el 5 de enero, luego de la «Operación Resolución Absoluta» que extrajo a Nicolás Maduro del país. Rodríguez, quien juró ante la Asamblea Nacional tras la captura de Maduro, destacó la necesidad de una «política con P mayúscula» para evitar nuevas agresiones militares.
«Vamos cara a cara con el gobierno de Estados Unidos para garantizar la paz», señaló ante los trabajadores petroleros, en un discurso que equilibró la defensa de la soberanía con una apertura pragmática hacia la administración estadounidense. A pesar de la condena inicial al «ataque imperialista», el gobierno de Rodríguez ha avanzado en la distensión con Washington, iniciando un proceso para la reapertura de sus respectivas embajadas, cerradas desde 2019.
El contexto de esta transición forzada comenzó el 3 de enero de 2026, cuando fuerzas especiales de Estados Unidos ejecutaron la operación de extracción de Maduro y su esposa Cilia Flores desde Caracas hacia Nueva York, lo que incluyó bombardeos estratégicos en bases militares venezolanas. El 5 de enero, Rodríguez asumió la presidencia interina con el apoyo de la cúpula militar y el Tribunal Supremo de Justicia, con la intención de mantener el proyecto bolivariano a pesar de la ausencia de su líder.
Maduro y su esposa se encuentran detenidos en una prisión federal de Brooklyn, enfrentando cargos de narcotráfico y tráfico de armas. La primera audiencia judicial de Maduro está prevista para el 17 de marzo de 2026. Mientras tanto, Rodríguez sigue buscando una fórmula para garantizar la estabilidad del chavismo en medio de la presión interna y externa.
En cuanto a las relaciones con Estados Unidos, Rodríguez ha sido clara en que el gobierno venezolano está dispuesto a negociar, pero con condiciones. Washington ha condicionado el alivio de sanciones y el acceso a ingresos por la venta de petróleo a que el gobierno de Rodríguez implemente ciertas reformas políticas de liberalización. Esto abre una vía para las relaciones diplomáticas, aunque bajo estrictas exigencias.
Rodríguez también hizo un llamado a los sectores opositores a resolver sus diferencias sin la intervención de actores externos, como Washington. «Basta de órdenes de Washington sobre políticos en Venezuela», enfatizó, buscando consolidar un poder interno sin la presión de actores internacionales. Su mandato, marcado por la fragilidad institucional, es observado con atención por aliados como Rusia e Irán, que esperan ver cómo la presidenta interina mantiene el control del chavismo sin la figura central de Maduro.





