La facturación alcanzó los $35,3 billones y el foco ahora está en las entregas en el día y al día siguiente, claves para mejorar conversión, recompra y fidelización.
El comercio electrónico registró en 2025 una facturación de $35,3 billones, con un crecimiento real del 60%, impulsado principalmente por el uso de billeteras digitales —que ya representan el 46% del volumen de operaciones— y por el desempeño de rubros como indumentaria y turismo. Con el mercado en expansión, el nuevo objetivo de las empresas es optimizar la entrega inmediata como diferencial competitivo.
La logística puerta a puerta, junto con las estrategias de precios, explica buena parte de la penetración de plataformas internacionales y del liderazgo de los principales marketplaces locales. El envío se consolidó como uno de los momentos más determinantes en la experiencia de compra, al punto que muchos consumidores comparan tiempos de entrega antes de decidir una adquisición.
En los grandes centros urbanos, las modalidades same-day y next-day dejaron de ser un plus para convertirse en una expectativa básica. Sin embargo, la velocidad ya no alcanza por sí sola: los usuarios exigen también confiabilidad, información clara y seguimiento permanente del paquete.
Para las tiendas que manejan hasta 5.000 envíos mensuales, implementar esquemas de entrega rápida implica desafíos operativos complejos. Recolección, ruteo, despacho y trazabilidad deben funcionar de manera integrada y con márgenes mínimos de error. En muchos casos, los problemas no surgen del reparto en sí, sino de la falta de planificación y acompañamiento estratégico.
La incorporación de tecnología permite simplificar procesos, automatizar tareas y mejorar la visibilidad de cada envío. Pero en un mercado cada vez más profesionalizado, la logística dejó de ser un servicio estandarizado: las marcas buscan asesoramiento para definir cuándo conviene ofrecer entregas en el día, en qué zonas y con qué impacto en su rentabilidad.
Con productos y precios cada vez más similares entre competidores, la última milla se transformó en un factor decisivo. La experiencia de entrega suele ser el recuerdo final que el cliente asocia con la marca, y puede inclinar la balanza entre una compra ocasional y una relación sostenida en el tiempo.





