Especialistas advierten que la falta de un alto el fuego podría profundizar el impacto en precios, tasas de interés y actividad económica.
La continuidad del conflicto en Medio Oriente genera crecientes efectos sobre la economía global, en un contexto donde no se vislumbra un alto el fuego en el corto plazo. Analistas advierten que la escalada bélica ya comienza a trasladarse a variables clave como la inflación y el consumo.
El especialista Damián Vlassich explicó que uno de los principales impactos es la suba del precio del petróleo, lo que repercute directamente en los costos de producción y en los precios finales. Este fenómeno, señaló, tiende a generar un escenario inflacionario más persistente.
Frente a este panorama, los bancos centrales suelen adoptar políticas más restrictivas, como la suba de tasas de interés, para contener la inflación. Sin embargo, estas medidas también afectan la actividad económica al encarecer el crédito y desalentar el consumo.
El efecto combinado de precios más altos, costos crecientes y menor demanda configura un “círculo menos virtuoso” para la economía global, con menor dinamismo y mayores dificultades para sostener el crecimiento.
La tensión se incrementó tras las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien lanzó un ultimátum a Irán para que reabra el Estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte de petróleo a nivel mundial.
En este escenario, la evolución del conflicto será determinante para los mercados internacionales, ya que una prolongación de la guerra podría profundizar las presiones inflacionarias y afectar el nivel de consumo en distintas economías.







