Con un discurso de seguridad, reducción del Estado y fuerte crítica a la izquierda, el candidato de Defensores de la Patria se convirtió en una de las figuras centrales de la política colombiana.
Abelardo de la Espriella se consolidó como una de las principales figuras de las elecciones presidenciales de Colombia al imponerse en la primera vuelta y avanzar al balotaje. El abogado y empresario construyó su campaña sobre un mensaje de mano dura contra el delito, reformas económicas de corte liberal y cuestionamientos a la dirigencia política tradicional.
Acompañado en la fórmula por José Manuel Restrepo, ex ministro de Hacienda durante la gestión de Iván Duque, el candidato impulsó una plataforma centrada en la reducción de estructuras estatales, la modernización de la administración pública y la recuperación del crecimiento económico.
Nacido en Bogotá en 1978 y criado en Montería, De la Espriella desarrolló una extensa carrera en el ámbito jurídico antes de ingresar a la política. Fundó su propio estudio de abogados en 2002 y participó en causas de alta repercusión pública que le otorgaron notoriedad a nivel nacional.
Su desembarco en la competencia electoral se produjo en 2024, cuando lanzó el movimiento Defensores de la Patria tras reunir apoyos mediante la recolección de firmas. Desde entonces, buscó posicionarse como una alternativa alejada de los partidos tradicionales y cercana a corrientes políticas que promueven reformas profundas en materia económica e institucional.
Además de su actividad profesional, construyó una imagen pública vinculada al mundo empresarial, con inversiones en distintos rubros y una marcada presencia en redes sociales. Su estilo directo y confrontativo le permitió ganar visibilidad y atraer a sectores desencantados con la política convencional.
Tras el resultado obtenido en la primera vuelta, De la Espriella enfrentará una nueva etapa de la campaña con el objetivo de alcanzar la presidencia en el balotaje. Su desempeño electoral lo convirtió en uno de los protagonistas centrales de un proceso que mantiene en vilo a la política colombiana.








